Apenas
tengo 25 años, un período corto para quien aspira vivir 120, y nunca antes
había visto en mi Santiago de Cuba tan amplio movimiento constructivo y
festivo.
Por
cada rincón de esta tierra se repara una obra, se asfalta una calle, se
iluminan carteles, se pintan casas y edificios, y se montan miles de techos en
viviendas que fueron dañadas por el huracán Sandy, a su paso por esta zona,
claro está, esta acción última no se desarrolla con la premura con que todos
quisiéramos.
Pero
lo cierto es que mi ciudad está quedando tan bonita o más, de lo que estaba
hace 8 meses atrás, y eso las personas lo perciben, pese a las miles
dificultades que todavía están latentes en la sociedad cubana. Sin embargo el
esfuerzo y la voluntad de salir hacia delante, supera cualquier obstáculo.
Y
es verdad, creo que es una mala costumbre que tenemos los cubanos que cuando
vamos a celebrar algún suceso trascendental queremos hacerlo todo al unísono
para dejar la ciudad impecable y mostrar a los visitantes lo hermoso que es
nuestro terruño.
Por
eso no critico que en estos momentos se esté arreglando todo el complejo
monumental 26 de Julio, lugar donde se encuentran situadas varias instituciones
ligadas con los hechos insurrecciónales de la gesta moncadista, que incluye a
hospitales, círculos infantiles, parques, viviendas, coppelias y demás centros
con impacto en la sociedad.
También
se garantiza que exista una mejor prestación en la transportación de pasajeros,
asunto neurálgico y que hoy presenta una considerable mejoría, se estabiliza
los ciclos y suministros de agua potable a la población y se gestionan los
alimentos para que por lo menos estos nutrientes no falten.
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